El recinto amurallado de Dalt Vila

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El Portal de Ses Taules, principal acceso al recinto amurallado

Eivissa dispuso de murallas desde la más remota Antigüedad. La actual fortaleza, sin embargo, se construyó en tiempos del Renacimiento, por orden de la Monarquía Hispánica, según diseño del ingeniero italiano Giovanni Batista Calvi. La causa fue el asedio constante de la armada turca y sus corsarios. Su construcción, como hemos visto en el apartado de bienes culturales de Eivissa Patrimonio Mundial, concluyó a finales del siglo XVI.

La fortaleza rodea todo el Puig de Vila, la zona más elevada de la capital pitiusa y se extiende por una superficie de diez hectáreas, con un perímetro de 1.800 metros. Cada uno de sus siete baluartes fue planificado al detalle, para dotarlo de suficientes ángulos de tiro que garantizasen su defensa.

Las murallas renacentistas poseen cinco entradas, pero la principal y más espectacular es la que ocupa el antiguo puente levadizo del Portal de ses Taules, frente al barrio de la Marina. Al final de la rampa de ascenso aguardan dos estatuas romanas, una a cada lado, réplica de dos originales de mármol que se custodian en el Museu Arqueològic. Y en lo alto, el escudo de la Corona. Las palabras que lo acompañan, latinas, dicen: “Siendo Rey Felipe, católico e invictísimo de las Españas y las Indias Orientales y Occidentales, fueron construidas las murallas en beneficio de esta isla. SCMR gobernador y capitán general, noble D. Fernando Sanoguera. Año 1585”.

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Los soportales del Rastrillo, lugar donde se apostaba el Cuerpo de Guardia

Tras la entrada aguarda la plaza de armas, conocida popularmente como el Rastrillo, con sus arcos de medio punto en el soportal del lateral. También alberga un balcón renacentista.

Desde aquí se inicia un inolvidable paseo de baluarte en baluarte, siguiendo la estela del adarve de las murallas, que se abren a toda la ciudad y al mar. Se puede comenzar por el Baluard de Santa Llúcia, a cuyos pies se sitúa el barrio de sa Penya. Alberga el antiguo polvorín, construido en el siglo XVIII.

Desde Santa Llúcia se desciende por la Ronda Narcís Puget Viñas, junto a las almenas y por encima del Portal de ses Taules. Así se llega al Baluard de Sant Joan, sobre la Marina. Acoge el Museu d’Art Contemporani d’Eivissa, antigua sala de armas, y dos llamativas garitas de vigilancia en los extremos. Este baluarte fue readaptado en los años 60 del siglo XX para construir el único acceso para vehículos que existe en la fortaleza y que sólo flanquean los residentes en el barrio y el transporte público.

Siguiendo la corona de la muralla, se sobrevuela la Plaça del Parc hasta desembocar en la Plaça del Sol, antesala del Baluard de Sant Pere, también conocido como Baluard des Portal Nou. Su interior esconde un escenario para conciertos y un centro de interpretación sobre la construcción de las murallas. Es Portal Nou es la segunda entrada peatonal al recinto y, a través de un túnel, desemboca en el Parc Reina Sofia. Está protegido por un llamativo orejón circular y sobre él se ubica el Cavaller de Sant Lluc, una estructura destinada a la artillería.

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La Ronda Calvi, a su paso por el Baluard de Sant Jaume, con las ruinas de la muralla medieval a la izquierda

A partir de aquí, el camino sigue hacia arriba por la Ronda Calvi, mientras es Puig des Molins se divisa a los pies del monumento, así como la costa de Platja d’en Bossa. El siguiente baluarte es el de Sant Jaume, con su centro de interpretación armamentístico y los restos de la vieja muralla musulmana de tiempos medievales, que se alinean hasta casi el siguiente baluarte, el de Sant Jordi, en lo alto, que ya coincide con es Castell.

Entre este último y el de Sant Bernat se sitúa otro túnel peatonal, el de es Soto Fosc, también del siglo XVI. Como en el exterior hay un aparcamiento, algunos visitantes comienzan el recorrido por este punto.

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El Baluard de Santa Llúcia, al atardecer

Entre es Castell y la Catedral hay un callejón estrecho que conduce a la Plaça de la Catedral. Desde ahí se puede enfilar al Carrer Major hasta girar por el primero a la derecha y cruzar el arco de sa Portella, último acceso que queda de la antigua muralla medieval, anterior a la renacentista. Desde ahí se desciende a la Plaça d’Espanya, junto al Ayuntamiento, donde también se sitúa es Revellí, un semibaluarte bajo el que pasa el último túnel peatonal del recinto. También conduce a la zona de es Soto Fosc y fue construido durante la Guerra Civil, en los años 30 del siglo XX. Desde ahí, tras contemplar en el mirador de la Plaça d’Espanya la tumba de Guillem de Montgrí, arzobispo de Tarragona que promovió la reconquista de Eivissa en el siglo XIII, y las extraordinarias vistas de la salida del puerto, volvemos al Baluard de Santa Llúcia, donde se inició el paseo.

Este inolvidable recorrido por el perímetro de la muralla no debería impedir la realización de otro igual de interesante, por el interior de las calles y plazas de Dalt Vila, donde además de interesantes monumentos y museos esperan rincones únicos.